¿Por qué conformarse con una reproducción impresa cuando puedes tener una buena copia original de

¿Por qué conformarse con una reproducción impresa cuando puedes tener una buena copia original de
"La noche estrellada" 1889, Vincent van Gogh. Copia facsímil realizada con acrílicos sobre cartón por Francisco R. Mayoral (1996).
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lunes, 11 de mayo de 2015

Caprichos florales [3] (Anilinas sobre papel couché, 2001)


"Capricho floral (3)". Anilinas sobre papel couché, 2001













































Cumpliendo lo que hemos venido anunciando y explicando en las dos entradas precedentes, hoy colgamos en la pared de la galería de duplicART el tercer y último cuadro que completa la trilogía de "caprichos florales", creada y pintada para una gran señora que hoy está eternizada en nuestros mejores recuerdos.

Esperamos que gusten a todos los visitantes, tanto como le gustaron a su destinataria en aquel lejano día de hace ya catorce años. Se trata de tres obras muy sencillas, pero llenas de luz y frescor en su tratamiento y cariño en su realización.

Ojalá que, a través de la vista, llegue a todos el aroma que pretenden transmitir. Para completar la visión de conjunto, se incluye una imagen del tríptico que forman al unirse en la misma pared.




Anilinas sobre papel couché.
Formato: 70x52,5 cm
No disponible.

sábado, 9 de mayo de 2015

Caprichos florales [2] (Anilinas sobre papel couché, 2001)


"Capricho floral (2)". Anilinas sobre papel couché, 2001

Como anuncié en mi entrada anterior, hoy cuelgo el segundo cuadro del trío que pinté con motivos florales para la abuela de dos de mis hijas. Aquella pequeña gran mujer ya no está entre nosotros. Pero la fragancia de su inteligencia natural, su sentido del humor y su entrega a todos menos a ella misma se conserva e impregna mis mejores recuerdos y los de mis hijas y el resto de la familia.

Mañana, colgaré en esta pared de mi galería virtual el tercero y último "capricho floral" de la serie.


Anilinas sobre papel couché.
Formato: 70x52,5 cm
No disponible.

Caprichos florales [1] (Anilinas sobre papel couché, 2001)


"Capricho floral (1)". Anilinas sobre papel couché, 2001

Diversas son las emociones y motivaciones que nos llevan a tomar los pinceles a quienes nos gusta expresarnos con ellos. Sin embargo, si hay un excipiente común a todas ellas, en el que se mezclan para llegar a convertirse en unas formas definidas, ese es el amor.

Amor en su sentido más genérico y elevado. Amor al arte en general, a la pintura en particular, a la luz, a la vida, al color, a la alegría... y, en este caso, amor a una señora que, pudiendo ser mi madre, me quiso como una amiga y me mimó y cuidó, en cierta época de mi vida, como sólo es capaz de hacerlo quien te ha parido.

Este cuadro es el primero de una serie de tres que me pidió para decorar la cabecera de su dormitorio matrimonial. Me dejó libertad absoluta y sólo expresó, tímidamente, que le gustaría que "hubiese flores", a las que adoraba como podía testimoniar cualquiera que se asomara al balcón de su casa.

Me puse a ello con la ilusión de hacerla feliz e intentar corresponder modestamente a las muchas atenciones que me había prodigado. El que aquí presento, es el primero de los tres cuadros que, gracias a la técnica elegida, realicé con bastante rapidez y, cuyo resultado, por fortuna, encantó a la destinataria.

En entradas sucesivas, colgaré aquí los otros dos que completan la terna de "Caprichos florales".


Anilinas sobre papel couché.
Formato: 70x52,5 cm
No disponible.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Paisaje azul (acrílico sobre cartón, 1998)


"Paisaje azul" nació bajo la influencia de la pintura y dibujo de Vincent van Gogh. Obra propia, 1998

Me encontraba en un momento de fuerte influencia de la obra pictórica y el trazo del dibujo del maestro van Gogh, cuando un familiar me pidió un cuadro que armonizase en la pared de una habitación decorada en tonos azules.

El resultado fue este paisaje donde se aprecian claramente reminiscencias del gran maestro citado, aunque sus clásicos amarillos han sido desplazados y sustituidos por el dominio de los azules, de acuerdo con la solicitud recibida, fieles al lema de "Arte a tu medida".


Acrílico sobre cartón.
Formato: 60x60 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

viernes, 7 de noviembre de 2014

Capricho [4] "Bodegón humilde" (Óleo sobre tabla, 2002)


"Bodegón humilde". Un capricho de 2002

Como de caprichos hemos venido hablando últimamente, hoy traemos aquí otra miniatura de 10x27 cm, cuya única diferencia con sus primos precedentes es que, para su realización, utilicé algo más de pintura añadida a la que me había sobrado en la paleta... Aunque no fue demasiada, esa es la verdad.

Si te gusta y prefieres un tamaño mayor con el mismo tema, no habría problema alguno en hacer una copia facsímil, de acuerdo con nuestro principio de "Arte a tu medida".


Óleo sobre tabla (sin enmarcar)
Formato: 10x27 cm
No disponible.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Capricho [3] "Jarrón al sol" (óleo sobre tabla, 2000)

"Jarrón al sol", aprovechado restos de pintura en la paleta, 2000

Otro capricho, hermano casi gemelo del anterior que hemos publicado, aunque nació un año antes pero de los mismos economizadores padres.

EL aprovechamiento de los restos de pintura en la paleta, al terminar un cuadro mayor y más ambicioso, dio origen a esta caprichosa miniatura sobre una tabla de 15x15 cm.

Como en otros casos similares, este cuadrito me fue "robado" por una de mis hijas enamorada de la pareja que hacía con el de la "Tetera". Hoy cuelgan ambos de una de las paredes de su casa.


Óleo sobre tabla.
Formato: 15x15 cm
No disponible.


domingo, 2 de noviembre de 2014

Capricho [2] "Tetera" (óleo sobre tabla, 2001)


"Tetera", aprovechado restos de pintura en la paleta, 2001

Otro de los caprichos fruto del aprovechamiento de las "sobras" de pintura en mi paleta.

Pequeño divertimento de colorido condicionado por la limitación mencionada, en mínimo formato por aprovechar el lateral de una caja de vinos como soporte de 15x15 cm. Lo dicho, en la casa del pobre se aprovecha todo.


Óleo sobre tabla.
Formato: 15x15 cm
No disponible. 


domingo, 19 de octubre de 2014

Capricho [1] "Maceta" (óleo sobre tabla, 1999)


"Maceta", aprovechando restos en la paleta, 1999

Desde muy pequeño aprendí que "en casa del pobre se aprovecha todo". Quizá por el profundo arraigo que en mi sensibilidad encontró ese aforismo materno, heredado de mi refranera abuela, siempre me ha dado mucha pena desperdiciar los restos de pintura que inevitablemente quedaban en mi paleta al finalizar cualquier cuadro.

Por ese motivo, adquirí la costumbre de aprovecharlos en formatos de mínimas dimensiones, pintando lo primero que me venía a la cabeza, según los tonos predominantes en las "sobras", a las que, por supuesto no añadía ningún otro color para no eternizar el ejercicio. A este tipo de pequeñas obras las denominé genéricamente "caprichos".

En este caso, fue una pequeña tabla de 12,5x18 cm, residuo de una caja de vinos desarmada, la receptora de la florida maceta que muestra la deficiente fotografía.

Como en otros casos, se mantuvo en mi poder el tiempo justo del secado, porque una de mis hijas se enamoró y apropió de él de inmediato...


Óleo sobre tabla.
Formato: 12,5x18 cm
No disponible.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Contemplación (acrílico en papel tela con bastidor, 1997)


Copia facsímil de una obra propia previa, realizada en 1975, con diferentes técnica y formato

Siempre me han fascinado la paz y sosiego que se respiran en el mundo rural. Es evidente que los biorritmos de la Naturaleza contienen una serenidad que sólo se ve alterada por la injerencia de la acción humana, excepto cuando algún miembro afortunado de la depredadora especie se detiene, limitándose a contemplar el paisaje sin otra pretensión que empaparse de él.

"Contemplación", F. R Mayoral 1975
Esa sensación pretendí plasmar en el cuadro que pinté en 1975, empleando ceras derretidas y espátula para conseguir los efectos de textura que buscaba. El trabajo fue laborioso, pero el resultado compensó ampliamente un experimento que tengo que volver a repetir algún día, a riesgo de que el cuadro arda a medio camino de su realización. Quizá este riesgo fue el que me llevó a duplicar la misma obra en 1997, usando acrílicos. No deja de ser curioso observar cómo cambia el resultado el diferente uso de una técnica u otra e, incluso, el cambio de formato.

Un ejemplo más de las posibilidades que ofrece duplicART para disfrutar de arte a tu medida.


Acrílico sobre papel tela en bastidor (enmarcado)
Formato: 26,5x35 cm
Tamaño enmarcado: 40,5x48,5 cm
No disponible.



domingo, 31 de agosto de 2014

Sola en el lecho (gouache sobre cartulina, 1973)


Las sábanas se hacen infinitas cuando son la única compañía. Obra propia. F. R. Mayoral, 1973

¡Qué inmensa puede resultar una cama cuando sólo un desnudo reposa en los recuerdos!

Ella espera... ¿Él se ha ido ya o no ha llegado todavía? No importa si la escena es antes o plasma el después. Lo que puede arrugar el alma, mucho más que las sábanas, es que sea "en vez de". Con la clamorosa presencia de la ausencia.

Por tributo a la estética de la belleza femenina que tanto admiro, la protagonista de este cuadro es una mujer... Pero el sentimiento que lo inspiró no distingue de sexos. El desvelado vacío que se expresa en la metáfora de su soledad en el lecho también lo puede sentir un hombre... Y, de hecho, lo sentía el autor en 1973, cuando pintó este sereno lamento.


Gouache sobre cartulina.
Formato: 34,5x50 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

sábado, 30 de agosto de 2014

Albergo Reichmann (grafito sobre papel, 1972)


Dibujo a lápiz realizado por encargo en 1972











Recientemente escribí respecto a una determinada fotografía que la belleza no siempre reside en el color superficial ni en la suavidad de las formas. Es la magia de luz lo que la produce.

Y mágica me pareció la luz que iluminaba este antiguo grabado publicitario de un romántico hotel milanés en el que reina la perspectiva. El tamaño de la reproducción original que llegó a mis manos era minúsculo, de no más de ocho cm de anchura.  Tal circunstancia hizo muy compleja la labor de trasladar su abigarrado contenido, predominantemente arquitectónico y geométrico, a la proporción del cuadro que hoy colgamos en esta galería, cuyo formato final tiene más de un metro de ancho.

Muchos son los recuerdos que el proceso de realización de este dibujo mantiene anclados en mi memoria, pero lo importante en el presente es la demostración palpable de que cualquier obra es duplicable, en cualquier técnica y formato, siempre que se respeten las proporciones y se cuiden los detalles. En color o en blanco y negro.


Grafito sobre papel.
Formato: 105x73 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

domingo, 24 de agosto de 2014

Ritual de seducción (gouache sobre cartón, 1974)



Obra original de Francisco R. Mayoral, 1974







Todo ser humano con un mínimo de imaginación se deja llevar por ella para fantasear con esos sugerentes momentos que constituyen los más deseados ensueños de la vigilia. La casi onírica visión de las pasiones más profundas que anidan en el interior de cada uno. Unas veces confesables y otras no tanto. Pero siempre privativas de ese territorio de libertad absoluta e inexpugnable al que nada ni nadie puede acceder, salvo con permiso expreso de quien lo sueña e imagina.

Ignoro si es así para todos, porque sólo conozco las mías; pero, en mi caso, confieso que suelen ser largas historias que mi mente proyecta como películas en las que las imágenes se suceden y agolpan, sin orden establecido, a veces superpuestas, pero en absoluta y excitante coherencia narrativa, sin otra exigencia de guión que la de aportarme la máxima satisfacción... sin límites ni censuras. Placer irrenunciable de breves minutos en los que flotando se puede vivir una eternidad. Un pequeño pliegue existencial que puede contener toda una vida en una miríada de sensaciones y emociones.

De una de esas hermosas historias, rescaté un delicado y fascinante instante para retenerlo congelado en la retina de la memoria que empieza a necesitar gafas para ver bien en la distancia del tiempo.

Para mí, este "Ritual de seducción", que pinté en 1974 y hoy comparto, es una de esas imágenes suaves y sugerentes. La bella mujer que, en su tocador, cepilla lenta y cuidadosamente sus largos cabellos, muestra al observador la delicada anatomía de su cuello y espalda mientras insinúa otras partes de su cuerpo no menos hermosas y deseables. La práctica del rito puede convertirse en mito perfumado con la fragancia del deseo secreto... ¿antes o después de ir al lecho? Quede la respuesta para el gusto de cada cual.

Aquí deposito la memoria de este fragmento de fantasía, con la esperanza y deseo de que estimule la de todos los amigos y visitantes de duplicART.

Gracias por vuestras miradas y estimulantes palabras, si deseáis hacer algún comentario, siempre bien recibido.


Gouache sobre cartón.
Formato: 66x65 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).


sábado, 23 de agosto de 2014

Arlequín y su compañera (ceras y óleo sobre táblex, 2002)


"Arlequín y su compañera". Copia facsímil de F. R. Mayoral, 2002.

Nada más desolador que la soledad acompañada. Nada más espeso y asfixiante que el pesado manto que se yergue como un muro entre dos seres que conviven en un momento sin compartirlo.

Ya no hay comunicación. El nosotros ha desaparecido arrasado por la intolerancia y el ego de ambos. Lo que otra vez fue fusión de ardiente pasión, ahora yace bajo las grises cenizas de un rescoldo frío y apagado que ni siquiera aviva la presencia de la absenta, el "hada verde", en la copa.

Picasso. "Arlequín y pareja"
Edward Hopper pintó como nadie ese patético sentimiento. El dramático realismo de las situaciones donde la soledad humana adquiere todo el protagonismo en el que los personajes son meros comparsas que la construyen con su ausente presencia o con la clamorosa presencia de su ausencia.

Pero Hopper no fue el único que plasmó tal estado. El maestro Pablo Picasso, nos regaló también esta triste metáfora poética en la que pueden percibirse dos almas navegando por sus propias aguas, ajenas a la compañía que físicamente les acompaña. Sumidas en sus propios espacios en un tiempo no compartido, vacío de amor.

Este cuadro del genio me impactó profundamente. Me hizo reflexionar y no pude resistir la tentación de copiarlo como exorcismo de un estado íntimo de mi propia existencia. Comencé el cuadro utilizando ceras y pastel, tal vez por fortuna, el impulso inicial remitió antes de que lo finalizase y permaneció inacabado durante varios años.

En 2002, lo desempolvé y terminé, utilizando el óleo. Hoy, después de una prolongada ausencia en este rincón que es de todos, lo traigo aquí, colgándolo en la pared de esta galería virtual, para exponerlo como recordatorio permanente de que vivir plenamente es compartirlo todo en feliz compañía... menos la soledad.


Cera y óleo sobre táblex.
Formato: 30x24 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).


lunes, 27 de mayo de 2013

El puente (óleo sobre lienzo, 1997)


"El puente", etapa de un peregrinaje que no sabe si va o vuelve. Pintado en 1997 por F. R. Mayoral

Queramos o no, seamos o no conscientes, la vida es un constante peregrinar en el que sólo hay dos incógnitas y una certeza. Las dos grandes preguntas son la dirección que se elije y si la ruta es de ida o de retorno. La certeza es que lo único importante en el fondo, lo constituye la forma en que cada cual realice el camino, su propio paso a paso... aunque crea estar inmóvil.

Cuando este cuadro fue pintado, en 1997, es muy probable que fuese bajo la influencia de la etapa de Puente la Reina en tierras navarras de la ruta jacobea... Han pasado muchos años, pero no creo errar en el recuerdo ahora difuso. Era la representación de un viaje de ida.

Sin embargo, fuese cual fuese su significado original, el mensaje actual de esta obra es el contrario al que el autor atribuye a su nacimiento. Hoy es un viaje de retorno que ya ha pasado por ese puente.

Si se ha alcanzado o no la meta pretendida por el autor, es algo que sabrá en el futuro... o no. Sin embargo, aquí y ahora, lo importante es seguir haciendo camino, en cualquier dirección, pero en paz y con seguridad, tanto si el puente une las dos orillas como si las separa.


Óleo sobre lienzo con bastidor.
Formato: 23x28 cm
Tamaño enmarcado: 31x36 cm
Consultar disponibilidad.


miércoles, 24 de abril de 2013

La vida sentada en el portal (aguada en papel, 1974)


Obra original de F. R. Mayoral. Aguada y tinta china en papel Canson (1974)

"En un rincón cualquiera. Un día cualquiera. La vida se sienta en un portal.
Hay huellas húmedas en las paredes pintadas de ayer.
Y la mirada se pierde en la convivencia de la atonía y el sonido de unos pasos que se alejan.
El mundo en la piedra se
vuelve eterno silencio.
Todo es tan viejo que se disfraza en los ojos de nuevo.
¿Adónde fue la primavera de los cuerpos? ¿Adónde las manos llenas?

¿Adónde el sabor de los enamorados versos?
Qué triste cantar de melancolía abriendo la puerta al recuerdo…"


No hay palabras mejores que las bellas y poéticas de Ana Vivero Megías para encabezar la descripción de un cuadro que nació hace casi cuarenta años, cargado ya entonces de profundo significado para su autor que, sin haber llegado a conocer a ninguno de sus abuelos, sintió la necesidad de rendir homenaje a la madre de su madre, permanentemente presente y revivida en las constantes citas maternas de refranes y expresiones inolvidables.

Probablemente la nostalgia que emana la obra y Vivero ha captado para retratarla magistralmente, es la que sentía el autor por los besos y caricias nunca recibidos de su desconocida y, sin embargo, muy presente abuela materna. Fuese por ese u otro motivo, lo cierto es que ese monocromático cuadro, sencillo y de modesto uso de materiales, siempre ha sido uno de los favoritos y más querido para su autor Francisco R. Mayoral en el que siente que hay impregnado un retazo de su alma.

Puesto que los hombres nunca vivirán la experiencia única e indescriptible de la maternidad, la gestación y parto de un trabajo de estas características es, sin duda, lo único que nos permite a los varones una cierta aunque remota aproximación a ese sentimiento. Al menos, este cuadro ha sido y es tan querido como un hijo, ya cuarentón, para Francisco R. Mayoral.


Aguada y tinta china sobre papel Canson.
Formato: 31x22 cm
Tamaño enmarcado: 35x25,5 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).


jueves, 13 de diciembre de 2012

Díptico de luces y sombras (acrílico sobre tabla, 2002)


Dos piezas independientes que conforman una sola imagen visual, luces y sombras inseparables

Los poetas juegan constantemente con la luz y la sombra, aún más que con la realidad y el deseo; pues tanto la realidad como el deseo son sentidos como luz o como sombra. El deseo se expresa como algo luminoso en algunos poemas o como algo oscuro en otros. Así como la realidad también es expresada en sus aspectos luminosos y sombríos, según la enfoque la mente del poeta. Al fin y al cabo, estamos en un mundo donde se vive constantemente la experiencia del contraste entre la luz y la sombra.

Conocer la sombra por experiencia es un camino posible, pero duro y difícil, y el resultado es el testimonio de melancolía y callejón sin salida que a veces comunican los versos. Hecha la oscuridad, el poeta busca alguna luz para alumbrar su entendimiento. Una y otra vez, a lo largo de los años y de los poemas, nos brindan sus autores la lucha de la luz con la sombra en su interior.

El poeta es capaz de embellecer con la palabra incluso los estados indeseables de la mente. La soledad es luminosa o sombría según el estado mental con que la vive el poeta. Escribir desde el cansancio sombrío puede seducir a los demás o calmar de momento la necesidad de luminosa comunicación. La mente del poeta a veces es arrastrada hacia la sombra u orientada hacia la luz en un constante vaivén.

Desde estas reflexiones e incapaz de plasmar en versos rimados la serena soledad preñada de luz y las  inevitables zonas umbrías que ella provoca, surgió la necesidad de pintar este poema simbólico narrado en dos piezas independientes y complementarias.

En el díptico pictórico, como en la vida, la dualidad es una constante. Hay dos piezas libres e independientes, con contenido y vida propias cada una de ellas. Podrían estar en espacios y tiempos diferentes. Sin embargo, cuando se unen, toman su significado completo, nuevo, diferente... pleno. No pierden su esencia, pero comparten las luces y sombras que inunda el espacio interior desde la ventana que les es común. Uno junto al otro, componen un nuevo elemento bañado de la intensa luz que es más apreciable por las sombras que proyecta. Son diferentes, pero llamados a formar un todo... en las luces y las sombras.


Acrílicos sobre tabla.
Formato de cada pieza: 50x40 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida). 


domingo, 25 de noviembre de 2012

Fuerza de mujer al desnudo (acrílicos sobre cartón, 2001)


Podría ser que Pablo Picasso quisiese reflejar en esta obra la indoblegable fuerza de la naturaleza femenina.

Cuando escribo estas líneas, han transcurrido unos once años desde que descubriese este cuadro de Picasso, hasta entonces completamente desconocido para mí. Sin embargo, aún recuerdo la honda impresión que me causó este sorprendente tratamiento del desnudo femenino, especialmente en un pintor de sensualidad carnal tan desbordante como fue el admirado Pablo Picasso.

Francamente, no recuerdo el título con el que el creador de la obra original bautizó a esta escultórica pintura. No lo he encontrado pero lo considero irrelevante. Da igual cómo se llame, lo importante es la emoción que transmite. El sentimiento interior de quien contempla y vive la recia imagen, empatizando con ella.

A mí me transmite un carácter netamente simbólico que refleja la fuerza de la naturaleza femenina en abstracto. La fortaleza de la mujer genéricamente considerada. No es un retrato; el rostro carece de facciones identificadoras lo que acentúa su probable intencionalidad generalizadora.

La firme rudeza, casi viriloide, de la musculatura, remarcada con cincelados trazos firmes y colores sobrios, sólo se ve explicitada como femenina por los redondeados senos del torso. Sus manos, sin embargo, carecen de dedos acariciantes, más bien evocan los guantes de un boxeador. Todo contribuye a reforzar una suerte de advertencia... de aviso para navegantes desinformados.

La postura, aparentemente relajada, transmite más seguridad que descanso... Fuerza latente, musculatura tensada. Con un punto de rudeza y agresividad que podría ser amenazante. Como si anunciase el daño, el inmenso dolor, que una mujer puede llegar a hacer si así lo decide, por dulce y tierna que se haya mostrado previamente.

Un cuadro fascinante, tan lleno de sobria energía como carente de frivolidades cromáticas. No se precisan más colores. Como en el caso del famoso "Guernica" del mismo artista, serían un estorbo gratuito e innecesario.

En 2001 no pude resistir la tentación de intuirlo al pintar la copia facsímil que preside este comentario. Más tarde no pude evitar vivirlo.

Espero que sintáis lo mismo que sentí y siento cada vez que lo contemplo...


Acrílicos sobre cartón.
Formato: 60x70 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).


miércoles, 2 de mayo de 2012

Mi grito (acrílico sobre cartón, 1999)


F. R. Mayoral tituló "Mi grito" su copia facsímil del famoso grito de Munch

Muchos analistas y estudiosos de esta obra, pintada en 1893 por Edvard Munch, se han preguntado si el grito que silenciosa pero intensamente profiere el personaje central del cuadro, era el reflejo de la angustia personal del pintor o si ese grito pudiese  también esconder una crítica a la nueva forma de organización socioeconómica de la época. En definitiva, si Munch grita también contra las injusticias sociales y a las desigualdades económicas que acompañaron a la Revolución industrial. Posiblemente ambas cosas, ya que las obsesiones personales del pintor, bien pudieron causarle una hipersensibilidad ante la problemática social de su momento histórico.

Edvard Much, 1893
Sea como sea, esta obra, recreada en 1999 por nuestro autor Francisco R. Mayoral, cobra pleno significado en esta segunda década del siglo XXI, cuando las circunstancias por las que atraviesa el mundo en general, y occidente en particular, justifican y provocan "gritos" de todo orden contra la insolidaridad, la injusticia y las desigualdades que nos rodean, envuelven y asfixian. Si a Munch le inspiró la estrechez de principios morales y éticos para inmortalizar su grito de protesta, no cabe duda alguna de que hoy volvería a pintarlo con mayor dramatismo, si cabe.


En "su grito", Mayoral ha captado los propios temores y tormentos de Munch que muchos compartimos. La fuerza expresiva se debe en gran medida a las técnicas y efectos pictóricos empleados, la estridencia del colorido y la sinuosidad de las líneas. Junto con el "Guernica" de Picasso, sin duda ha sido la obra que más ha conmovido a nuestro autor durante la realización.

Se expresa la soledad del ser humano y su pesimismo frente las adversidades. El grito de terror trae consigo la tensión y el pánico interior que destruyen la anatomía facial. Los rasgos de rostro desaparecen bajo el gesto. No hay nada de realismo, se representa el interior del individuo simbólico y no el exterior.

La figura del primer plano aprieta las manos contra su cara como signo de angustia y desesperación, mientras que, en segundo plano, aparecen otras personas frías y distantes como queriendo significar que el prójimo no nos ayuda en los momentos de desconsuelo.

El paisaje participa de ese malestar. El cielo encendido y los torbellinos parecen envolver amenazadoramente a la persona que grita. Los colores cálidos y fríos no están compensados, su efecto es agresivo, ofreciendo una imagen angustiada de la realidad social y del mundo interior que padece cada individuo.

Sobre esta obra, su creador explicó:

«Iba caminando con dos amigos. El atardecer. De repente el cielo se tiño de rojo, y sentí el aliento de la tristeza. Me detuve. Me apoyé contra la valla. Mortalmente cansado. Las nubes por encima del fiordo chorreaban un rojo humeante. Mis amigos siguieron avanzando, pero yo me quedé allí de pie, con una herida abierta en el pecho. Oí un fuerte y extraordinario grito atravesando la naturaleza.»

(Edvard Munch)


Acrílico sobre cartón.
Formato: 49x36 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

miércoles, 25 de abril de 2012

El viejo molino (óleo sobre lienzo, 2002)


La imagen fotográfica pierde la riqueza de texturas de las densas pinceladas

Vincent van Gogh, 1888
En los numerosos paseos y excursiones que realizara Van Gogh durante el verano de 1888, le llamó profundamente la atención este molino viejo de los alrededores de Arles. Lo pintó en esta bella escena en la que encontramos el habitual derroche del color amarillo que tanto atrajo al artista.

En 2002, realicé la copia facsímil por encargo de una de mis hijas que quedó cautivada por la fuerza y colorido de este cuadro al descubrirlo en un póster enmarcado en la consulta de un médico barcelonés. No fue fácil, pero el trabajo quedó ampliamente compensado por el resultado, tanto pictórico como emocional.

El edificio de este "viejo molino" pintado por el genial Vincent se encuentra aún hoy en la Rue Mireille, aunque reconstruido tal como se puede ver en las dos fotografías en color tomadas de la red.


La imagen en blanco y negro que se inserta a continuación es del libro sobre Van Gogh de Marc Edo Tralbaut, quien a pie de foto señala que el viejo molino era conocido antiguamente como "la Torre de Jonquet".


Óleo sobre lienzo.
Formato: 64,5x54 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

martes, 6 de marzo de 2012

Flores para soñar (acrílico sobre cartón, 1996)


Ella dijo: "quiero soñar con flores" y pinté este cuadro para su dormitorio
Lo pinté en 1996 y, desde entonces, cuelga en la pared del dormitorio de una mujer excepcional. Justo sobre el cabecero de su cama, para que sea lo último que contemplan sus ojos antes de apagar la luz y, así, soñar... con flores, todas las noches.

Acrílico sobre cartón.
Formato: 100x70 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

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