"El Grito" 1893, Edvard Munch. Fragmento de la copia facsímil realizada en acrílico sobre cartón por Francisco R. Mayoral (1999).

miércoles, 2 de mayo de 2012

Mi grito (acrílico sobre cartón, 1999)


F. R. Mayoral tituló "Mi grito" su copia facsímil del famoso grito de Munch

Muchos analistas y estudiosos de esta obra, pintada en 1893 por Edvard Munch, se han preguntado si el grito que silenciosa pero intensamente profiere el personaje central del cuadro, era el reflejo de la angustia personal del pintor o si ese grito pudiese  también esconder una crítica a la nueva forma de organización socioeconómica de la época. En definitiva, si Munch grita también contra las injusticias sociales y a las desigualdades económicas que acompañaron a la Revolución industrial. Posiblemente ambas cosas, ya que las obsesiones personales del pintor, bien pudieron causarle una hipersensibilidad ante la problemática social de su momento histórico.

Edvard Much, 1893
Sea como sea, esta obra, recreada en 1999 por nuestro autor Francisco R. Mayoral, cobra pleno significado en esta segunda década del siglo XXI, cuando las circunstancias por las que atraviesa el mundo en general, y occidente en particular, justifican y provocan "gritos" de todo orden contra la insolidaridad, la injusticia y las desigualdades que nos rodean, envuelven y asfixian. Si a Munch le inspiró la estrechez de principios morales y éticos para inmortalizar su grito de protesta, no cabe duda alguna de que hoy volvería a pintarlo con mayor dramatismo, si cabe.


En "su grito" Mayoral ha captado los propios temores y tormentos de Munch que muchos compartimos. La fuerza expresiva se debe en gran medida a las técnicas y efectos pictóricos empleados, la estridencia del colorido y la sinuosidad de las líneas. Junto con el "Guernica" de Picasso, sin duda ha sido la obra que más ha conmovido a nuestro autor durante la realización.

Se expresa la soledad del ser humano y su pesimismo frente las adversidades. El grito de terror trae consigo la tensión y el pánico interior que destruyen la anatomía facial. Los rasgos de rostro desaparecen bajo el gesto. No hay nada de realismo, se representa el interior del individuo simbólico y no el exterior.

La figura del primer plano aprieta las manos contra su cara como signo de angustia y desesperación, mientras que, en segundo plano, aparecen otras personas frías y distantes como queriendo significar que el prójimo no nos ayuda en los momentos de desconsuelo.

El paisaje participa de ese malestar. El cielo encendido y los torbellinos parecen envolver amenazadoramente a la persona que grita. Los colores cálidos y fríos no están compensados, su efecto es agresivo, ofreciendo una imagen angustiada de la realidad social y del mundo interior que padece cada individuo.


Acrílico sobre cartón.
Formato: 89x73,5 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

miércoles, 25 de abril de 2012

El viejo molino (óleo sobre lienzo, 2002)


La imagen fotográfica pierde la riqueza de texturas de las densas pinceladas

Vincent van Gogh, 1888
En los numerosos paseos y excursiones que realizara Van Gogh durante el verano de 1888, le llamó profundamente la atención este molino viejo de los alrededores de Arles. Lo pintó en esta bella escena en la que encontramos el habitual derroche del color amarillo que tanto atrajo al artista.

En 2002, realicé la copia facsímil por encargo de una de mis hijas que quedó cautivada por la fuerza y colorido de este cuadro al descubrirlo en un póster enmarcado en la consulta de un médico barcelonés. No fue fácil, pero el trabajo quedó ampliamente compensado por el resultado, tanto pictórico como emocional.

El edificio de este "viejo molino" pintado por el genial Vincent se encuentra aún hoy en la Rue Mireille, aunque reconstruido tal como se puede ver en las dos fotografías en color tomadas de la red.


La imagen en blanco y negro que se inserta a continuación es del libro sobre Van Gogh de Marc Edo Tralbaut, quien a pie de foto señala que el viejo molino era conocido antiguamente como "la Torre de Jonquet".


Óleo sobre lienzo.
Formato: 64,5x54 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

sábado, 24 de marzo de 2012

Limones y hortensia (acrílico sobre cartón, 1996)



Para mi hermano y Berta, pintado en 1996

Nadie como el maestro Matisse para deslumbrar por su expresividad cromática y la distorsión de las formas, representativas del fauvismo. Sus obras se caracterizan por una gran luminosidad, hasta el punto de que se decía de él que llevaba la luz dentro y la trasladaba a sus cuadros mediante sus pinceladas sueltas y libres.

Henri Matisse,1943

Los bodegones de cítricos de Henri Matisse son un verdadero canto al color, él mismo dijo que "oyó cantar los colores". Colores, los suyos, que son como notas de música que componen una deslumbrante melodía visual.

Hacía mucho tiempo que este cuadro de Matisse, "Limones y saxífraga (hortensia)", me tenía cautivado; no me cansaba de admirar el equilibrado ritmo de su composición y la simplicidad de su fuerza cromática. Por ello, no dudé en pintarlo en 1996 para llenar de música y luz el comedor de mi hermano y su mujer.


Acrílico sobre cartón.
Formato: 50x70 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

martes, 6 de marzo de 2012

Flores para soñar (acrílico sobre cartón, 1996)


Ella dijo: "quiero soñar con flores" y pinté este cuadro para su dormitorio
Lo pinté en 1996 y, desde entonces, cuelga en la pared del dormitorio de una mujer excepcional. Justo sobre el cabecero de su cama, para que sea lo último que contemplan sus ojos antes de apagar la luz y, así, soñar... con flores, todas las noches.

Acrílico sobre cartón.
Formato: 100x70 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

domingo, 26 de febrero de 2012

Odalisca con pandereta (óleo sobre tabla, 1998)


Indolencia voluptuosa captada por F. R. Mayoral en 1998

Henri Matisse, en los años 20 del pasado siglo, llenó de color la sutil voluptuosidad de sus famosas odaliscas, cuya indolencia, como nota común, parece transmitir la seguridad de unas hermosas mujeres que se sustenta en la confianza construida sobre el atractivo de sus sensuales encantos, de los que hacen alarde sin histrionismo alguno.

Henri Matisse, 1925
Gráciles, sofisticadas, lujosas que no lujuriosas, magnéticas... y siempre indolentes, las modelos que pueblan la colección de odaliscas, nos sumergen en un universo de exotismo oriental evocador de "Las mil y una noches", mostrándose a la vez, tan descaradas en sus posados como inaccesibles; tan paradójicamente carnales como etéreas.

Magistralmente insertadas en contextos y situaciones que sólo la fértil imaginación y el brillante uso de intensos colores del maestro Matisse pudieron concebir y realizar. La "Odalisca con pandereta", pintada por su autor original en 1925, actualmente muestra sus encantos en el MOMA de Nueva York.

Para captar la magia de esta copia facsímil, Francisco tuvo que liberarse de su hechizo y dejar en absoluta libertad la disciplina de los pinceles.

Óleo sobre tabla (enmarcado)
Formato: 35,5x27 cm
Tamaño enmarcado: 45x37,5 cm
Precio de venta enmarcado: 550,00 euros

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