¿Por qué conformarse con una reproducción impresa cuando puedes tener una buena copia original de

¿Por qué conformarse con una reproducción impresa cuando puedes tener una buena copia original de
"La noche estrellada" 1889, Vincent van Gogh. Copia facsímil realizada con acrílicos sobre cartón por Francisco R. Mayoral (1996).
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lunes, 11 de mayo de 2015

Caprichos florales [3] (Anilinas sobre papel couché, 2001)


"Capricho floral (3)". Anilinas sobre papel couché, 2001













































Cumpliendo lo que hemos venido anunciando y explicando en las dos entradas precedentes, hoy colgamos en la pared de la galería de duplicART el tercer y último cuadro que completa la trilogía de "caprichos florales", creada y pintada para una gran señora que hoy está eternizada en nuestros mejores recuerdos.

Esperamos que gusten a todos los visitantes, tanto como le gustaron a su destinataria en aquel lejano día de hace ya catorce años. Se trata de tres obras muy sencillas, pero llenas de luz y frescor en su tratamiento y cariño en su realización.

Ojalá que, a través de la vista, llegue a todos el aroma que pretenden transmitir. Para completar la visión de conjunto, se incluye una imagen del tríptico que forman al unirse en la misma pared.




Anilinas sobre papel couché.
Formato: 70x52,5 cm
No disponible.

sábado, 9 de mayo de 2015

Caprichos florales [2] (Anilinas sobre papel couché, 2001)


"Capricho floral (2)". Anilinas sobre papel couché, 2001

Como anuncié en mi entrada anterior, hoy cuelgo el segundo cuadro del trío que pinté con motivos florales para la abuela de dos de mis hijas. Aquella pequeña gran mujer ya no está entre nosotros. Pero la fragancia de su inteligencia natural, su sentido del humor y su entrega a todos menos a ella misma se conserva e impregna mis mejores recuerdos y los de mis hijas y el resto de la familia.

Mañana, colgaré en esta pared de mi galería virtual el tercero y último "capricho floral" de la serie.


Anilinas sobre papel couché.
Formato: 70x52,5 cm
No disponible.

Caprichos florales [1] (Anilinas sobre papel couché, 2001)


"Capricho floral (1)". Anilinas sobre papel couché, 2001

Diversas son las emociones y motivaciones que nos llevan a tomar los pinceles a quienes nos gusta expresarnos con ellos. Sin embargo, si hay un excipiente común a todas ellas, en el que se mezclan para llegar a convertirse en unas formas definidas, ese es el amor.

Amor en su sentido más genérico y elevado. Amor al arte en general, a la pintura en particular, a la luz, a la vida, al color, a la alegría... y, en este caso, amor a una señora que, pudiendo ser mi madre, me quiso como una amiga y me mimó y cuidó, en cierta época de mi vida, como sólo es capaz de hacerlo quien te ha parido.

Este cuadro es el primero de una serie de tres que me pidió para decorar la cabecera de su dormitorio matrimonial. Me dejó libertad absoluta y sólo expresó, tímidamente, que le gustaría que "hubiese flores", a las que adoraba como podía testimoniar cualquiera que se asomara al balcón de su casa.

Me puse a ello con la ilusión de hacerla feliz e intentar corresponder modestamente a las muchas atenciones que me había prodigado. El que aquí presento, es el primero de los tres cuadros que, gracias a la técnica elegida, realicé con bastante rapidez y, cuyo resultado, por fortuna, encantó a la destinataria.

En entradas sucesivas, colgaré aquí los otros dos que completan la terna de "Caprichos florales".


Anilinas sobre papel couché.
Formato: 70x52,5 cm
No disponible.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Paisaje azul (acrílico sobre cartón, 1998)


"Paisaje azul" nació bajo la influencia de la pintura y dibujo de Vincent van Gogh. Obra propia, 1998

Me encontraba en un momento de fuerte influencia de la obra pictórica y el trazo del dibujo del maestro van Gogh, cuando un familiar me pidió un cuadro que armonizase en la pared de una habitación decorada en tonos azules.

El resultado fue este paisaje donde se aprecian claramente reminiscencias del gran maestro citado, aunque sus clásicos amarillos han sido desplazados y sustituidos por el dominio de los azules, de acuerdo con la solicitud recibida, fieles al lema de "Arte a tu medida".


Acrílico sobre cartón.
Formato: 60x60 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

viernes, 7 de noviembre de 2014

Capricho [4] "Bodegón humilde" (Óleo sobre tabla, 2002)


"Bodegón humilde". Un capricho de 2002

Como de caprichos hemos venido hablando últimamente, hoy traemos aquí otra miniatura de 10x27 cm, cuya única diferencia con sus primos precedentes es que, para su realización, utilicé algo más de pintura añadida a la que me había sobrado en la paleta... Aunque no fue demasiada, esa es la verdad.

Si te gusta y prefieres un tamaño mayor con el mismo tema, no habría problema alguno en hacer una copia facsímil, de acuerdo con nuestro principio de "Arte a tu medida".


Óleo sobre tabla (sin enmarcar)
Formato: 10x27 cm
No disponible.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Capricho [3] "Jarrón al sol" (óleo sobre tabla, 2000)

"Jarrón al sol", aprovechado restos de pintura en la paleta, 2000

Otro capricho, hermano casi gemelo del anterior que hemos publicado, aunque nació un año antes pero de los mismos economizadores padres.

EL aprovechamiento de los restos de pintura en la paleta, al terminar un cuadro mayor y más ambicioso, dio origen a esta caprichosa miniatura sobre una tabla de 15x15 cm.

Como en otros casos similares, este cuadrito me fue "robado" por una de mis hijas enamorada de la pareja que hacía con el de la "Tetera". Hoy cuelgan ambos de una de las paredes de su casa.


Óleo sobre tabla.
Formato: 15x15 cm
No disponible.


domingo, 2 de noviembre de 2014

Capricho [2] "Tetera" (óleo sobre tabla, 2001)


"Tetera", aprovechado restos de pintura en la paleta, 2001

Otro de los caprichos fruto del aprovechamiento de las "sobras" de pintura en mi paleta.

Pequeño divertimento de colorido condicionado por la limitación mencionada, en mínimo formato por aprovechar el lateral de una caja de vinos como soporte de 15x15 cm. Lo dicho, en la casa del pobre se aprovecha todo.


Óleo sobre tabla.
Formato: 15x15 cm
No disponible. 


domingo, 19 de octubre de 2014

Capricho [1] "Maceta" (óleo sobre tabla, 1999)


"Maceta", aprovechando restos en la paleta, 1999

Desde muy pequeño aprendí que "en casa del pobre se aprovecha todo". Quizá por el profundo arraigo que en mi sensibilidad encontró ese aforismo materno, heredado de mi refranera abuela, siempre me ha dado mucha pena desperdiciar los restos de pintura que inevitablemente quedaban en mi paleta al finalizar cualquier cuadro.

Por ese motivo, adquirí la costumbre de aprovecharlos en formatos de mínimas dimensiones, pintando lo primero que me venía a la cabeza, según los tonos predominantes en las "sobras", a las que, por supuesto no añadía ningún otro color para no eternizar el ejercicio. A este tipo de pequeñas obras las denominé genéricamente "caprichos".

En este caso, fue una pequeña tabla de 12,5x18 cm, residuo de una caja de vinos desarmada, la receptora de la florida maceta que muestra la deficiente fotografía.

Como en otros casos, se mantuvo en mi poder el tiempo justo del secado, porque una de mis hijas se enamoró y apropió de él de inmediato...


Óleo sobre tabla.
Formato: 12,5x18 cm
No disponible.

domingo, 31 de agosto de 2014

Sola en el lecho (gouache sobre cartulina, 1973)


Las sábanas se hacen infinitas cuando son la única compañía. Obra propia. F. R. Mayoral, 1973

¡Qué inmensa puede resultar una cama cuando sólo un desnudo reposa en los recuerdos!

Ella espera... ¿Él se ha ido ya o no ha llegado todavía? No importa si la escena es antes o plasma el después. Lo que puede arrugar el alma, mucho más que las sábanas, es que sea "en vez de". Con la clamorosa presencia de la ausencia.

Por tributo a la estética de la belleza femenina que tanto admiro, la protagonista de este cuadro es una mujer... Pero el sentimiento que lo inspiró no distingue de sexos. El desvelado vacío que se expresa en la metáfora de su soledad en el lecho también lo puede sentir un hombre... Y, de hecho, lo sentía el autor en 1973, cuando pintó este sereno lamento.


Gouache sobre cartulina.
Formato: 34,5x50 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

domingo, 24 de agosto de 2014

Ritual de seducción (gouache sobre cartón, 1974)



Obra original de Francisco R. Mayoral, 1974







Todo ser humano con un mínimo de imaginación se deja llevar por ella para fantasear con esos sugerentes momentos que constituyen los más deseados ensueños de la vigilia. La casi onírica visión de las pasiones más profundas que anidan en el interior de cada uno. Unas veces confesables y otras no tanto. Pero siempre privativas de ese territorio de libertad absoluta e inexpugnable al que nada ni nadie puede acceder, salvo con permiso expreso de quien lo sueña e imagina.

Ignoro si es así para todos, porque sólo conozco las mías; pero, en mi caso, confieso que suelen ser largas historias que mi mente proyecta como películas en las que las imágenes se suceden y agolpan, sin orden establecido, a veces superpuestas, pero en absoluta y excitante coherencia narrativa, sin otra exigencia de guión que la de aportarme la máxima satisfacción... sin límites ni censuras. Placer irrenunciable de breves minutos en los que flotando se puede vivir una eternidad. Un pequeño pliegue existencial que puede contener toda una vida en una miríada de sensaciones y emociones.

De una de esas hermosas historias, rescaté un delicado y fascinante instante para retenerlo congelado en la retina de la memoria que empieza a necesitar gafas para ver bien en la distancia del tiempo.

Para mí, este "Ritual de seducción", que pinté en 1974 y hoy comparto, es una de esas imágenes suaves y sugerentes. La bella mujer que, en su tocador, cepilla lenta y cuidadosamente sus largos cabellos, muestra al observador la delicada anatomía de su cuello y espalda mientras insinúa otras partes de su cuerpo no menos hermosas y deseables. La práctica del rito puede convertirse en mito perfumado con la fragancia del deseo secreto... ¿antes o después de ir al lecho? Quede la respuesta para el gusto de cada cual.

Aquí deposito la memoria de este fragmento de fantasía, con la esperanza y deseo de que estimule la de todos los amigos y visitantes de duplicART.

Gracias por vuestras miradas y estimulantes palabras, si deseáis hacer algún comentario, siempre bien recibido.


Gouache sobre cartón.
Formato: 66x65 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).


miércoles, 24 de abril de 2013

La vida sentada en el portal (aguada en papel, 1974)


Obra original de F. R. Mayoral. Aguada y tinta china en papel Canson (1974)

"En un rincón cualquiera. Un día cualquiera. La vida se sienta en un portal.
Hay huellas húmedas en las paredes pintadas de ayer.
Y la mirada se pierde en la convivencia de la atonía y el sonido de unos pasos que se alejan.
El mundo en la piedra se
vuelve eterno silencio.
Todo es tan viejo que se disfraza en los ojos de nuevo.
¿Adónde fue la primavera de los cuerpos? ¿Adónde las manos llenas?

¿Adónde el sabor de los enamorados versos?
Qué triste cantar de melancolía abriendo la puerta al recuerdo…"


No hay palabras mejores que las bellas y poéticas de Ana Vivero Megías para encabezar la descripción de un cuadro que nació hace casi cuarenta años, cargado ya entonces de profundo significado para su autor que, sin haber llegado a conocer a ninguno de sus abuelos, sintió la necesidad de rendir homenaje a la madre de su madre, permanentemente presente y revivida en las constantes citas maternas de refranes y expresiones inolvidables.

Probablemente la nostalgia que emana la obra y Vivero ha captado para retratarla magistralmente, es la que sentía el autor por los besos y caricias nunca recibidos de su desconocida y, sin embargo, muy presente abuela materna. Fuese por ese u otro motivo, lo cierto es que ese monocromático cuadro, sencillo y de modesto uso de materiales, siempre ha sido uno de los favoritos y más querido para su autor Francisco R. Mayoral en el que siente que hay impregnado un retazo de su alma.

Puesto que los hombres nunca vivirán la experiencia única e indescriptible de la maternidad, la gestación y parto de un trabajo de estas características es, sin duda, lo único que nos permite a los varones una cierta aunque remota aproximación a ese sentimiento. Al menos, este cuadro ha sido y es tan querido como un hijo, ya cuarentón, para Francisco R. Mayoral.


Aguada y tinta china sobre papel Canson.
Formato: 31x22 cm
Tamaño enmarcado: 35x25,5 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).


sábado, 3 de noviembre de 2012

El abuelo Vincent (acuarela y anilinas sobre cartón, 2001)


Si Vincent van Gogh hubiese llegado a viejo...

La intensa y truncada vida de Vincent van Gogh nos legó su apasionada, delirante y diferente visión de la luz y el color que, al dejar esta vida, permaneció brillando eternamente en el cielo oscuro y eterno de su ausencia, como las rutilantes estrellas del firmamento de su genial obra "La noche estrellada".

Resulta un tópico frecuente el comentario sobre lo que sentiría Vincent si "levantara la cabeza" y contemplase, con indudable estupor, la dimensión y el valor económico que sus obras han alcanzado, años después de que su hermano Théo pelease hasta la extenuación por intentar vender sus cuadros infructuosamente.

Un buen día del año 2001, se me ocurrió dar una "vuelta de tuerca" más al tópico, para imaginar su vejez. Su aspecto y ánimo, en el supuesto de que no hubiese fallecido cuando decidió partir. De ese pensamiento imaginario surgió la imagen que este cuadro representa...

Así nació, en manchas de color aguado y apresuradas, este anciano de roja barba que recuerda su pasado real con mirada cargado de firmeza y dolor, aunque orondo y satisfecho de su vida artística, contemplado, ¿por una nieta o amante tardía? con mirada de tristeza compasiva, la admiración y respeto que su trabajo, personalidad y éxito merecieron desde un principio, al margen de lo tardío del reconocimiento posterior.

Sirva como homenaje personal a mi admirado maestro.

Acuarela y anilinas sobre cartón.
Formato: 40x30 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).


miércoles, 2 de mayo de 2012

Mi grito (acrílico sobre cartón, 1999)


F. R. Mayoral tituló "Mi grito" su copia facsímil del famoso grito de Munch

Muchos analistas y estudiosos de esta obra, pintada en 1893 por Edvard Munch, se han preguntado si el grito que silenciosa pero intensamente profiere el personaje central del cuadro, era el reflejo de la angustia personal del pintor o si ese grito pudiese  también esconder una crítica a la nueva forma de organización socioeconómica de la época. En definitiva, si Munch grita también contra las injusticias sociales y a las desigualdades económicas que acompañaron a la Revolución industrial. Posiblemente ambas cosas, ya que las obsesiones personales del pintor, bien pudieron causarle una hipersensibilidad ante la problemática social de su momento histórico.

Edvard Much, 1893
Sea como sea, esta obra, recreada en 1999 por nuestro autor Francisco R. Mayoral, cobra pleno significado en esta segunda década del siglo XXI, cuando las circunstancias por las que atraviesa el mundo en general, y occidente en particular, justifican y provocan "gritos" de todo orden contra la insolidaridad, la injusticia y las desigualdades que nos rodean, envuelven y asfixian. Si a Munch le inspiró la estrechez de principios morales y éticos para inmortalizar su grito de protesta, no cabe duda alguna de que hoy volvería a pintarlo con mayor dramatismo, si cabe.


En "su grito", Mayoral ha captado los propios temores y tormentos de Munch que muchos compartimos. La fuerza expresiva se debe en gran medida a las técnicas y efectos pictóricos empleados, la estridencia del colorido y la sinuosidad de las líneas. Junto con el "Guernica" de Picasso, sin duda ha sido la obra que más ha conmovido a nuestro autor durante la realización.

Se expresa la soledad del ser humano y su pesimismo frente las adversidades. El grito de terror trae consigo la tensión y el pánico interior que destruyen la anatomía facial. Los rasgos de rostro desaparecen bajo el gesto. No hay nada de realismo, se representa el interior del individuo simbólico y no el exterior.

La figura del primer plano aprieta las manos contra su cara como signo de angustia y desesperación, mientras que, en segundo plano, aparecen otras personas frías y distantes como queriendo significar que el prójimo no nos ayuda en los momentos de desconsuelo.

El paisaje participa de ese malestar. El cielo encendido y los torbellinos parecen envolver amenazadoramente a la persona que grita. Los colores cálidos y fríos no están compensados, su efecto es agresivo, ofreciendo una imagen angustiada de la realidad social y del mundo interior que padece cada individuo.

Sobre esta obra, su creador explicó:

«Iba caminando con dos amigos. El atardecer. De repente el cielo se tiño de rojo, y sentí el aliento de la tristeza. Me detuve. Me apoyé contra la valla. Mortalmente cansado. Las nubes por encima del fiordo chorreaban un rojo humeante. Mis amigos siguieron avanzando, pero yo me quedé allí de pie, con una herida abierta en el pecho. Oí un fuerte y extraordinario grito atravesando la naturaleza.»

(Edvard Munch)


Acrílico sobre cartón.
Formato: 49x36 cm
No disponible (puede duplicarse por encargo en formato a medida).

lunes, 14 de noviembre de 2011

Una vez tuve un sueño (óleo sobre táblex, 1998)


Nada como el surrealismo para plasmar sueños y deseos inconscientes.

Cualquier intento de explicar este cuadro estaría condenado al fracaso por los límites que el lenguaje impone a la imaginación poética condensada en una metáfora. Para nuestro autor, Francisco R. Mayoral, pudo tener un origen íntimo y subjetivo que le llevó a plasmar su ingrávida ambición, desdoblándose en observador y observado, al proyectarse simultáneamente en los dos personajes que aparecen, en el exterior y en la única ventana iluminada.

El cielo, cargado de nubarrones y potencialmente opresivo, no impide que del conjunto de la obra emane una especial y reposada emoción de equilibrio estético.

Aunque, en definitiva al margen de la intimidad del autor y sus motivaciones, lo único que cuenta es la percepción y sensaciones del espectador que contempla este onírico paisaje desde su propia vivencia personal.


Óleo sobre táblex (enmarcado)
Formato: 42x35 cm
Tamaño enmarcado: 50x42,5 cm
Consultar disponibilidad y condiciones.

viernes, 11 de noviembre de 2011

El rostro de la guerra (óleo sobre tela, 2003)


En 1985 esta mirada dio la vuelta al mundo en la portada de National Geographic.
"El rostro de la guerra" le valió el Premio Pulitzer a Steve McCurry autor de la magistral fotografía.
  
Francisco R. Mayoral, como padre de tres hijas, quedó profundamente conmovido por el alma que se asomaba a los bellos ojos de esa niña afgana que, con sólo 12 años, ya había olvidado cómo jugar, después de que su país natal fuese invadido por el ejército soviético y una bomba acabase con la vida de sus padres. La instantánea fue obtenida durante su éxodo en el campo de refugiados donde la halló el corresponsal gráfico.

Durante meses, una reproducción de la fotografía colgó del caballete de Francisco, junto a un lienzo en blanco. La copia que contemplas, en óleo sobre tela, es la consecuencia y resultado final del esfuerzo por superar el respetuoso pudor que esa intensa mirada imponía a sus pinceles.


Óleo sobre lienzo con bastidor
Formato: 41x33 cm
No disponible.
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